
La República de las Mujeres
¿Carla Bruni o Valérie Trierweiler? Las primeras damas francesas y su evolución en las últimas décadas, todo un ejemplo de estillo y de espíritu contemporáneo.
Algunos recordarán un ya antiguo eslogan publicitario que, refiriéndose a una marca de coñac decía Es cosa de hombres. Pues bien, si algo caracteriza a los últimos movimientos registrados en la política francesa es que es… cosa de mujeres.

Muerto – políticamente hablando – DSK ( o Dominique Strauss-Kahn, el hombre que más ha perdido, también, por culpa de su peligrosa inclinación a las mujeres) el triunfo en las recientes elecciones presidenciales de François Hollande estuvo bajo la influencia de otras dos mujeres y ex rivales: su ex compañera y madre de sus cuatro hijos, Ségolène Royal y la jefa de los socialistas franceses Martine Aubry. Las dos sufrieron con amargura mal disimulada el triunfo de Hollande, poniendo a mal tiempo buena cara, en aras de la armonía de la familia socialista. Una por haber perdido su oportunidad, cinco años atrás, frente al mismo Sarkozy, y contemplar impotente, ahora, cómo su ex se encumbra en el Elíseo acompañado por la antigua amiga común de la pareja, Valérie Trierweiler ( ¿¿ no es el argumento de un buen culebrón??) y la otra por no haber llegado ni a catar la oportunidad; excluida del gobierno, para más inri, por ser un peso demasiado pesado. O Primera Ministra o nada. Pues nada...
Lo cierto es que en el Elíseo, de aquellas primeras damas discretas hasta la enfermedad – Danielle Mitterrand, humanitaria, izquierdista a la antigua, ciega frente a los desmanes de su marido; Bernadette Chirac, la mano que mece la cuna, peinado casco de peluquería y aferrada a su bolso de mater familias – se ha dado un salto de lo más contemporáneo al Club de las Primeras Esposas: las últimas inquilinas son una ex modelo de pasado calentito devenida cantante y una periodista, pareja de hecho, que no de derecho, del sucesor de Sarkozy y del propio Chirac, François Hollande.

La nueva generación de french first ladies no le hace ascos a la celebridad porque ya ha probado sus mieles mucho antes de llegar al Elíseo. Y no están dispuestas a renunciar a ellas.
Carla viajaba en el jet de Mick Jagger cuando Sarkozy tenía que deletrear su apellido en el Ayuntamiento de un barrio de burgueses parisinos, y Valérie hacía y deshacía en Paris Match – la biblia del papel couché francés – cuando Hollande surfeaba en política, en la estela de su atractiva compañera Ségolène Royal.
Los medios franceses – y los de medio mundo – andan más revolucionados con este particular duelo de damas, Trierweiler/ Bruni, que jamás lo hayan estado con el enfrentamiento Hollande/Sarko.
Los opositores a Valérie Trierweiler ( primero tuvieron que aprender a pronunciar el dichoso apellido, tomado de su segundo marido) la llaman la first girlfriend ( primera novia en vez de primera dama) y señalan que ha dado más entrevistas en los pocos días de “reinado” que en los cinco años de permanencia en el Elíseo de Carla Bruni. También resaltan y entrecomillan sus declaraciones: que no va a ser un florero o que lo tiene más fácil que Carla porque ella sí que conoce los medios. Pues, a juzgar por las críticas que está recibiendo, parece que… no tanto…
Los anti Carla dicen que se ha descuidado desde que tuvo a la niña. Que quién te ha visto y quién te ve. Que a ver lo que dura el interés ahora que va a ser Madame Sarkozy a secas…
Este duelo apasionante pone cara a cara a dos mujeres fuertes y extraordinarias, hermosas, ambiciosas y singulares que, a primera vista, parecen muy distintas, pero que, en realidad no lo son tanto.
Quizás, la diferencia que veamos primero sea su aspecto, siendo las dos muy, muy guapas: extremadamente juvenil una, madura y serena la otra, no se parecen en nada. Que Valérie Trierweiler no se ha hecho ningún retoque salta a la vista. Muestra orgullosa las arrugas de expresión que ennoblecen su belleza, libre de artificios.

Por el contrario, la saliente primera dama parece mantener la tersura de su piel gracias a fórmulas secretas que la tecnología y la medicina estética ponen a su alcance. Y si a VT la critican por su diligencia a la hora de dar entrevistas – hay que comprender que lleva treinta años trabajando en esto, y son muchos los compañeros que han debido pedirle el favor…– a CB le han caído las suyas por culpa de unas cejas algo disparadas y una sonrisa semi rígida tipo Joker poco o nada natural.

No nos dejemos engañar por lo obvio: Trierweiler, tan alejada del canon espigado de las supermodelos, rotundamente guapa, tiene un aire más maduro que Carla, pero solo le lleva dos años – cuarenta y seis para VT, cuarenta y cuatro para CB –. En resumen, son de la misma quinta. Y si Carla se trabaja, bien está, pues nadie puede decir que no esté mejor que la media (nacional e internacional)
Vuelve a separarlas un poquito el sentido y la conciencia de la moda. Bruni – una auténtica profesional, divina, una de las supermodelos de los noventa con Linda, Cindy, Christy, Karen y Naomi,¡ palabras mayores! – antes de jugar a ser Jackie, era más de vaqueros, camiseta y pies descalzos (época guitarra/quelqu’un m’a dit ) que de los vestiditos de Dior con que ha salpicado sus apariciones públicas como primera dama. Convirtió al Elíseo en su pasarela particular –, copiándole a Jackie Kennedy incluso el sombrerito pill box que lució en la visita a la Reina de Inglaterra. Ella quería recrear Camelot; consiguió que unos no-tacones Louboutin llevaran su nombre. Aún así, Carla tuvo grandes momentos que echaremos mucho de menos.

Por el contrario, la compagne de Hollande es una mujer desenvuelta que se viste sin complicaciones. Foulards, gabardinas y brushing con gesto y bucle en la punta en lugar de la lánguida melena lisa de Bruni. Todavía tiene que encontrar su camino, su peluquero y un buen estilo de vestido que le favorezca, pero no solo esto. La prensa francesa anda cuestionando el papel que va a desempeñar junto al presidente, salvando el hecho de que no están legalmente casados y que muchos protocolos no reconocen a las parejas de hecho ( pero, demonios, estamos en el siglo XXI; probablemente no encontrará problemas más que en algún estado arcaico y poco interesante).
Lo más curioso de todo es que donde más cerca están CB y VT es…políticamente. Valérie Trierweiler apoya el socialismo de Hollande, su pareja desde hace siete años; se le presuponen simpatías por su causa, aunque, como buena periodista ha tratado siempre de que ni sus convicciones se transparentaran demasiado, ni entraran en conflicto con su vida privada.
Y Carla Bruni, a pesar de ser la hija de un importante industrial italiano que se fue de Italia amenazado por las Brigadas Rojas, casada con un político de la UMP, era más bien conocida por su proximidad a una izquierda divina, anti berlusconiana, bohemia y poco acorde con las últimas manifestaciones electoralistas contra el matrimonio gay y la inmigración, de su flamante marido. Pero, como se suele decir, París bien vale una misa. Y el Elíseo, dos.
Diferentes o parecidas, ambas son dos grandes mujeres. Merecen que tratemos de entenderlas en un papel que no es nada fácil aunque nos dmeos el gusto de abordar el tema con un pequeño toque de frivolidad...


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Ana García-SiñerizAdemás de dedicarme al periodismo en medios como la televisión, la radio o la prensa escrita, empiezo este blog con la idea de compartir con vosotras las claves para que en este mundo gris nuestra vida se tiña de color de rosa. ¡Viva el Estilo!
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