. (© crecerfeliz.es)
Actualizado: 24/05/2012 | Por crecerfeliz.es, .

Los primeros días con el recién nacido

Parecía que no iba a llegar nunca y... ¡por fin tienes a tu hijo en brazos! La espera ha terminado y ahora empieza una nueva etapa. ¿Cómo vivirá tu pequeño estos primeros momentos contigo?


Los primeros días con el recién nacido

El primer encuentro con tu bebé será, sin duda, uno de los momentos más emotivos e inolvidables de tu vida. Ningún curso ni libro te habrá podido preparar para este gran instante. Y en los primeros días todo será nuevo, tanto para él como para ti.

DE TU ÚTERO AL EXTERIOR

Para tu bebé el cambio es enorme: dentro del útero vivía en la penumbra y percibía los ruidos amortiguados por el líquido amniótico. Lo que más oía era tu voz, los latidos de tu corazón y los borborigmos internos. No le faltaba nunca alimento y respiraba sin esfuerzo a través del cordón umbilical. Estaba abrazado por las paredes uterinas y se dormía dentro de su globo de agua con el vaivén de tus movimientos. Tus caricias y pensamientos le hacían sentirse querido y protegido.

Desde el momento en que nace la situación cambia: tiene que acostumbrarse a la luz, a estar sin "envoltorio protector", al aire, a respirar y a comer solito, a mantenerse caliente... ¡Cuántas novedades! Pero no sufras por él. Con tus atenciones se adaptará pronto a la vida. Mantenlo cerca de ti. Sentir tu presencia, escucharte y olerte le reconfortará. Después de vivir nueve meses en tu interior aún se siente parte de ti. Acuéstalo a tu lado o en su cunita, pero pon ésta junto a tu cama.

Si estás muy agotada puedes pedir que se lo lleven al nido por la noche. Aliméntale a demanda. Intenta darle la toma antes de que te la pida llorando. Obsérvale y verás que te hace saber que tiene hambre por medio de varias señales: realiza movimientos de succión con la boca, se chupa el puño, se relame los labios, babea, se mueve inquieto... Disfruta de la toma con él. Se trata de un momento muy especial para los dos, en el que no sólo le satisfaces el hambre, también le transmites tu ternura y tu amor.

Atiéndele en cuanto llore. El llanto es la única manera de la que dispone por ahora para expresar sus necesidades. Pero no te confundas, porque no siempre llorará por hambre: también puede llorar porque se siente solo y quiere sentir el contacto físico, una necesidad imperiosa en el recién nacido. Lo que más le calma son los mecimientos y tu voz.

Protégele del exceso de estímulos. Al bebé le asaltan las sensaciones por los ojos, las orejas, la nariz, la piel... Todo lo vive como un torbellino confuso. Evita las voces estridentes, los ruidos fuertes, las luces brillantes y pasarle de brazos en brazos.

LISTO PARA ADAPTARSE

Por otra parte, él también tiene mecanismos para ir adaptándose a la vida fuera de ti. De hecho, viene al mundo provisto de un buen repertorio de habilidades. ¡Mira todo lo que sabe hacer con sus sentidos!

El olfato. Tumbado sobre ti es capaz de encontrar tu pezón. El olor que éste desprende es parecido al del líquido amniótico y mediante movimientos trepadores avanza hacia él. Podría distinguirte entre dos mamás, porque te conoce por tu olor.

El tacto. Lo tiene muy desarrollado y por eso le encanta que le cojas. Su boca es como una antena para explorar. En ella se concentra el mayor número de receptores táctiles.

La vista. Desde el momento de nacer el bebé busca la mirada de su madre, aunque sólo puede distinguirla bien a 25 centímetros de distancia. La cara humana le fascina. Esto indica que la comunicación es esencial para su supervivencia.

El oído. Prefiere los sonidos suaves (en el útero lo escuchó todo amortiguado) y los repetidos, seguramente porque le recuerdan a los latidos de tu corazón.

El gusto. Está habituado a tragar líquido amniótico, que sabe dulzón. Por eso le gustan tanto los alimentos dulces, como la leche materna.

(Continua)

En Twitter

No hay tweets disponibles
0Comentario
MSN en Windows 8
ArribaAbajo