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Actualizado: 11/10/2012 | Por Crecerfeliz.es, .

Los reflejos del bebé recién nacido

Tu bebé, al nacer, ya trae algo aprendido: son los reflejos innatos, que le ayudan a adaptarse al nuevo mundo y que irán desapareciendo. Nos lo cuenta Verónica Palomo, asesorada por la neonatóloga Rosa Cabezas Maspoch.


Los reflejos del bebé recién nacido

¿Cómo sabe un bebé que acaba de nacer que tiene que dirigirse al pecho de su mamá para alimentarse? ¿Por qué pone cara de susto y abre los brazos cuando cree que se va a caer, si nadie le ha enseñado qué es el miedo? ¿Y cómo es que con pocos días ya sabe echar los pasos cuando sus pies rozan el suelo?

Te haces estas preguntas porque te parece increíble: hace unas horas estaba en tu útero, tan tranquilo, calentito y protegido, y ahora tiene que respirar y comer por sí mismo y enfrentarse a un montón de agentes externos, ruidos, luces, olores, personas que le hablan y le tocan...

¿Cómo se las apaña una personita tan diminuta y aparentemente frágil para lidiar con tanto caos? "Lo hace gracias a los reflejos innatos,reacciones simples y automáticas ante un estímulo exterior que permiten la supervivencia del bebé y le abren las puertas del nuevo mundo que le rodea", responde la neonatóloga María Rosa Cabezas Maspoch, neonatóloga del Centro Médico Teknon.

SUS REFLEJOS, INSTINTO DE SUPERVIVENCIA

El bebé humano está muy desvalido al nacer porque su cerebro es muy inmaduro, pero la naturaleza le otorga unos reflejos incondicionados ?es decir, respuestas automáticas e involuntarias que no han sido aprendidas? que le ayudarán a buscar el cariño, la comida o la ayuda que necesita.

"Hay que diferenciar entre los reflejos primarios o arcaicos, que se forman en el útero, están presentes al nacer y se pierden con el tiempo (algunos, como muy tarde, a los 12 meses) y los secundarios, que son los que aparecen en los primeros meses de vida", aclara nuestra asesora.

Los primeros se llaman así porque son una herencia de nuestros antepasados y están dictados por el instinto de supervivencia ante un entorno hostil. Algunos de estos recursos son adaptativos y su función es la de evitar el peligro (por ejemplo, cuando el bebé cierra los ojos ante una luz intensa o aparta su cuerpo de una fuente de dolor), otros le ayudan a alimentarse (succionar y tragar) y otros a agarrarse para no caerse.

"Si el bebé no los tiene o perduran en el tiempo, más allá de la edad en la que normalmente desaparece cada uno, puede indicar que el niño tiene algún problema neurológico", explica la doctora.

Por eso el pediatra comprueba estos reflejos en los reconocimientos rutinarios. El primero, inmediatamente después del parto, como parte del test de Apgar (que se realiza a todos los bebés y en el que, además de los reflejos, se comprueba el color de la piel y el funcionamiento de los músculos y del sistema respiratorio). Y, a partir de entonces, en cada una de las revisiones pediátricas.

(Continua)

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